PALANGANA DE PATILLAS

COROZOS

QUIERES FRUTA MI AMOR

MAMONES Y CIRUELAS EN DELANTAL ROJO

 

 

PALENQUERAS

 

PALENQUERAS, BERTHA, MARIA Y JOSEFA

MARIA CON COROZOS Y MAMONCILLOS

COMPLICIDAD

PALENQUERAS

 

 

 

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Pintores:
Rosario Heins
 
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ROSARIO HEINS, O "EL COLOR DEL CARIBE"

Por EDUARDO MÁRCELES DACONTE

Después de graduarse en la Escuela de Bellas Artes de Barranquilla, ciudad donde nació en 1956, Rosario Heins se radicó en la histórica Cartagena de Indias donde desarrolló una intensa actividad artística. Tiempo después se marchó a las montañas andinas en un paraje cercano a las ruinas Megalíticas precolombinas de San Agustín. Pero ni la distancia ni el tiempo han impedido que siga fiel a su amor por el mar, su ardiente playa, las robustas mujeres descendientes de los esclavos africanos que construyeron las imponentes murallas de la Ciudad Heróica y las exuberantes frutas del trópico caribeño.

Las protagonistas de su pintura tienen el inefable oficio de refrescar las bocas saladas de los bañistas con apetitosas piñas, sandías, jugosos mangos o papayas, y de manera más reciente, enormes palanganas de mamoncillos y bananas. A diferencia de las escenas urbanas o marinas tan comunes a una ciudad de aspecto pintoresco como Cartagena, y preferidos por tantos pintores de temática turística y tarjetería postal, la obra de Heins enfoca el trabajo de esas humildes vendedoras ambulantes que alegran el espíritu cuando aparecen en medio del sofoco de un día soleado.

Su pintura se inscribe en una concepción fotorrealista cuyos modelos han sido fijados en una fotografía que sirve de referencia a la obra final. No se trata de una simple reproducción de las imágenes seleccionadas por la pintura in situ, puesto que en el proceso la obra se enriquece y se transforma con las originales contribuciones de la artista. Tampoco es una novedad utilizar una fotografía como recurso para la elaboración de un dibujo o pintura. En una investigación sobre la historia de la fotografía en Colombia se encontró que ya desde sus inicios, hacia mediados del Siglo XIX, la fotografía había sido un complemento eficaz en la confección de retratos.

En la modalidad del retrato es donde el dibujo de Rosario Heins alcanza su máxima expresión estética después de haber experimentado en una primera etapa el desnudo femenino dentro de la línea que reconocemos en el trabajo de Darío Morales. Los torsos femeninos se exhibían sobre cojines o colchones con cierto abandono sensual. Un tanto tímido en el principio, el color fue penetrando de manera inexorable en sutiles matices los lienzos que sostienen sus imágenes femeninas. De un cromatismo delicado y fragmentario y fragmentario que no quería alterar las tonalidades grises y negras, ha pasado ahora a un color enfático que contrasta con los tonos medios del grafito que caracterizan la textura de la arena playera y la piel de sus personajes anónimos.

En su pintura actual, una tórrida luz ilumina el color de sus composiciones donde combina el retrato y las frutas tropicales que también adquieren una personalidad individual en sus suculentos bodegones. Además de su conocido léxico visual, su interés por la naturaleza y la nostalgia del Caribe se sintetizan en esos primeros planos de un asombroso realismo que revela su destreza técnica y el talento de una disciplinada artista cuya producción se ubica sin la menor duda entre las más significativas de Colombia en esta época de finales del Siglo XX.

"Es igualmente difícil pintar un buen cuadro con frutos que uno con figuras humanas"

Michaelangelo da Merisi, Caravaggio.

Tras añares de esclavitud, humillaciones e injusticias masivas, los negros cimarrones, importados de Africa para el pétreo trabajo de las murallas, se rebelaron , huyeron y se establecieron en un lugar inhóspito y matrero, no muy lejos de Cartagena, al que bautizaron "Palenque de San Basilio". Allí consolidaron su cultura, costumbres, religión, su raza. Es por eso que a las negras fruteras, directas descendientes de esa fértil progenie, aún las denominan Palenqueras. Es muy difícil, a la hora de la verdad, decidir quién, de hecho, es el verdadero protagonista de los acrílicos de Heins, si las frutas o las negras que las venden. No importa que las unas desplieguen toda la paleta del color, y las otras estén consignadas en lápiz, porque la fidelidad al retrato es asombrosa, lo mismo que la morosa laboriosidad de la factura, el amor al detalle y el rigor anatómico que las distingue.

Es con mucho orgullo y regocijo que consignamos a Rosario Heins, primera mujer que orna con su presencia este museo, y lo hacemos por múltiples razones: por la excelencia artística y merecido renombre del que goza esta joven y talentosa barranquillera; porque es egresada de nuestra Facultad de Bellas artes de la Universidad del Atlántico donde tuve el privilegio de estar muy cerca de ella, verla crecer y madurar con tiento, y, definitivamente, porque es una mujer que pinta mujeres. C.E.R.F.
 

 



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