Jaime Correa   
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EXTASIS DE SANTA TERESA
   
 
Desde el punto de vista plástico hubiera sido muy sencillo acudir a Bernini para encontrar la inspiración visual de nuestro artista. Pero no, no era ni justo ni suficiente, pues el escultor cienaguero fue muy insistente en asegurar que lo motivó en primera instancia fue la Autobiografía y Las Moradas de la Santa de Ávila, y, conmovido por esa maravillosa narrativa, se trasladó a la inspiración escultórica del italiano. Antes de estudiar la serie de esculturas que Jaime Correa dedicara, en la persona de Santa Teresa, a exaltar la memoria del escultor barroco Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), es de imperiosa necesidad contemplar la por muchos considerada obra maestra del italiano, "Transverberación de Santa Teresa" en la Capilla Cornaro de la Iglesia de Santa María de la Victoria en Roma. Veinte años después de haber ejecutado su también paradigmática "Apolo y Dafne", también comisionada por el cardenal Escipión Borghese, Bernini se enfrenta con un tema similar, tan antiguo como la tradición de las imágenes mismas: "El principio femenino en el momento de ser transmutado por la acción del principio masculino" Ninguna de las dos imágenes ocupa el eje protagonístico, ambas se desplazan sutilmente la una a la otra. El es ángel, y él es sátiro: su sonrisa lo delata; al arrancarle el dardo de su vientre (no de su corazón, como se insiste) ella flota en suspenso un solo instante antes de sumergirse en el vacío: es el exacto momento en que la santa comienza a hundirse: su pie desnudo comienza a emerger, a dar el giro que la precipitará al hondo abismo de la noche obscura... Y el efebo alado, victorioso y tremante -observe su agitada veste- comienza a destacarse en primer plano. Todo este torbellino de emociones, nubes que pasan, rayos fulgurantes, y móviles drapeados, sutilezas sádico-masoquistas es lo que Bernini personifica en ésta, tal vez la escena más vibrante y dramática de la historia de la escultura, inspiradora, según reconoce el artista, de las esculturas que tienen como tema a la Santa de Avila.

En su "Homenaje a Bernini" el artista nos ha escatimado el "pathos" angustioso y lacerante, el drama, el intenso dolor, "La llama de amor vivo" que, al arrancar el dardo calcinante hacía precipitar a la santa en arrobo, a la más desoladora tiniebla nocturna. No, el instante que el artista nos muestra, congelado, es la "Noche Transfigurada", inmensa noche donde se inmortaliza y mora para siempre San Juan de la Cruz: "Oh noche que guiaste, oh noche amable más que la alborada; Oh noche que juntaste amado con amada, Amada en el Amado transformada..."

Es, fue una noche, pues, de bienandanza. Quien esto escribe participó muy activamente la venturosa vigilia del 12 de Julio de 1984 cuando el escultor presentó su "Espacio Ambiental" entre nubes de incienso, música sacra y la fragancia virgen de cientos de azucenas de Quito recién abiertas. Las dos fotografías que presentamos prácticamente no hacen justicia al instante solemne y deleitoso que el artista obsequió a Barranquilla. Más elocuentes y entrañables son los siguientes versos de San Juan, a cuya inspiración hay que acudir para realmente paladear y traducir lo que el artista nos ofreció esa noche:

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.